Archivo de la categoría: Formación

Artículo de opinión

Empiezo a tener en mi poder algunas cosillas más de las que escribí para la revista del máster. Este artículo de opinión lo redacté para calmar el gusanillo que me quedó después de publicar el post “Lo natural y lo artificial”.

Para leer el artículo “Lo natural como mercadotecnia” pinchar aquí.

En otras ediciones de la revista “Piensa” escribí:
Editorial “Culpable” (Revista nº6)
Entrevista a Daniel Ramón (Revista nº1)

Prácticas de radio

“Son las 9, las 8 en Canarias”, (música) y… “Noticias”: “Científicos de la universidad…”
Muchos estarán de acuerdo en que pocas cosas enamoran tanto como la radio… Qué gran experiencia, la que pudimos disfrutar en el último módulo del máster.

Prácticas de radio

Carmela en Público

¡Hoy salgo en el periódico Público, con foto y todo! (querida familia y amigos: página 8 abajo) En una de las secciones de opinión, titulada “A toro pasado”, en la que a los lectores se nos da la oportunidad de comentar lo que nos ha gustado y lo que no del periódico del día anterior.
Hace unas semanas, el máster nos llevó a la redacción de Público para que viéramos, principalmente, la sección de ciencia en vivo y en directo (Público es de los pocos periódicos que apuestan claramente por comunicarla) y la responsable de opinión nos brindó esta oportunidad (nos hicieron la foto allí y todo). Y hoy salgo yo. Quizá la próxima vez sea con un reportaje científico, quien sabe…

Carmela en el periódico Público

Prácticas de televisión

Por fin hemos hecho en el máster las prácticas de radio y televisión. Increíbles. La radio enamora y la tele, aunque impresiona mucho más, también es apasionante. En la foto de abajo, de mi compañero Pierre, estamos (yo en el medio) aprendiendo a utilizar el teleprompter -el aparato que va haciendo pasar el texto por la pantalla- y he de reconocer que yo estaba más concentrada en leer bien que en quedar natural.

Prácticas de televisión

Editorial

Este es el último artículo que he escrito para la revista del máster. “Piensa” ha llegado a su fin. De los nueve números que hemos hecho, subiré aquellas cosas (las mías claro) que valieran la pena.

Culpable

Josef Fritzl, apodado el “monstruo austriaco” por haber mantenido a su hija Elisabeth secuestrada en el sótano de su casa durante 24 años y haber abusado sexualmente de ella, no fue descubierto por sus mentiras (aseguraba que su hija estaba en una secta), ni por sospechas vecinales, ni por los gritos de los partos, ni siquiera al deshacerse del cuerpo de uno de los bebés en la caldera de la calefacción de la casa. El crimen de este electricista jubilado de 73 años salió a la luz cuando se vio forzado a llevar al hospital de Amstetten a la primera hija nacida fruto de las violaciones, Kerstin, de 18 años, por encontrarse ésta gravemente enferma. Los análisis médicos revelaron que Kerstin padecía una enfermedad genética poco frecuente en la población. Se confirmó que era estadísticamente más probable que la tuviera como consecuencia de una práctica endogámica que por puro azar. A partir de ese punto, sólo fue cuestión de ir tirando de la cuerda. Encontraron restos de ADN de Fritzl en la saliva con la que se habían sellado las cartas que Elisabeth supuestamente mandaba desde la secta y que él le obligaba a escribir. Y cuando toda la familia por fin acudió a la clínica, las pruebas de ADN revelaron que también era el progenitor de los otros cinco niños que había hecho pasar por sus nietos.

Cuando de salvar vidas se trata, los avances de la medicina, la genética y la biología molecular son evidentes. Pero los logros de estas ramas de la ciencia, y a veces parece olvidarse, también han contribuido de manera sustancial a la resolución de crímenes complejos. Han hecho avanzar a la investigación criminalista y judicial, permitiendo que la medicina forense saliera por fin de la trastienda y dejara de ser el patito feo del grupo.

En el principio de los tiempos, la identificación de los delincuentes debía resolverse por medio de características físicas. Se elaboraban fichas con medidas corporales, color de ojos y pelo y se contrastaba con fotografías, en el caso de que las hubiera. La estrategia del malhechor entonces era clara, disfrazarse y ocultar al máximo cualquier rasgo distintivo, como cicatrices o marcas de nacimiento. Más tarde llegaron las huellas dactilares, las acusaciones se hicieron más fiables y el ingenio tuvo que agudizarse. No tocar nada sin guantes se convirtió en la consigna oficial. Pero entonces aparecieron las pruebas de ADN y ocultar las pruebas del delito se convirtió en algo casi imposible. Y es que esta herramienta molecular se puede aplicar en muestras biológicas como el semen, la saliva y con suerte, en cabellos. Los resultados, además, son en muchos casos concluyentes, pues la secuencia genética de cada individuo es única –salvo para gemelos univitelinos- lo que ha valido para determinar paternidades, identificar a fallecidos y por supuesto, a los responsables de un delito.

La eficacia y fiabilidad de esta técnica generalizó su uso y permitió que saliera de los laboratorios de biología molecular y se incorporara a los de medicina forense. Lo que era más difícil de prever es que de ahí saltara a la pequeña pantalla. Y si hace unos años triunfaban las series de hospitales, ahora las que copan el horario de máxima audiencia son las de investigaciones criminales. Con una cierta licencia poética -en la realidad la profesión es evidentemente más compleja y tediosa- las han acercado de una forma atractiva al gran público. Si bien es cierto que un muchos casos pueden generar falsas expectativas, es innegable que han promovido la visibilidad y el interés por la ciencia forense.

El ser humano es capaz de cometer atrocidades más propias de la ficción que de la vida real. Pero también de averiguar, a base de mucho esfuerzo y sacrificio, y con menos glamour de lo que se cree, quien está detrás de cada una de ellas. La genética y la biología molecular aplicadas a la medicina forense sacan a la luz lo que otros tratan de ocultar. La evidencia científica no miente: culpable.

Entrevista a Daniel Ramón

¡Por fin! La página profes.net ha colgado la entrevista que le hice a Daniel Ramón Vidal para el primer número de la revista del master (llamada Piensa). Para los curiosos, Divulga es la empresa de divulgación científica de mi profesor de prácticas periodísticas, Ignacio Fernández Bayo. En cuanto pueda, subiré en un post la versión maquetada, la que salió en la revista.
Espero que os guste, para mi fue una gran experiencia.

Tres14

Aquí va una pildorita de ilusión para todos los escépticos: rtve vuelve a apostar por la ciencia. Lo hace con un nuevo programa de divulgación, Tres14, y lo emite, en contra de lo que se podría pensar, a una hora nada intempestiva, las 20 horas de cada domingo. Os animo a que lo disfrutéis, es interesante e instructivo. Tiene hasta un concurso que se basa en adivinar el contenido de una imagen científica. Una pista: suelen ser imágenes de Fotciencia, el certamen de fotografía científica que convocan todos los años la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) y el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

Javier Sampedro

Hoy me he levantado pensando en Javier Sampedro. Será porque hace poco me terminé el segundo de sus libros. O quizás porque de los ídolos no acabas de olvidarte nunca. Javier Sampedro es el claro ejemplo de que los científicos también saben divulgar. Se doctoró en Genética y Biología Molecular y acabó siendo periodista de EL PAÍS. Escribe que da gusto y esto se puede apreciar en “¿Con qué sueñan las moscas?”, un libro que recoge sus artículos sobre ciencia (veranos del 2002 y 2003) en el susodicho periódico y “Deconstruyendo a Darwin”, para interesados en las paradojas de la teoría de la evolución. Yo he recomendado ambos. Con el primero se me escaparon risas en mitad del metro de Madrid. Con el segundo recuperé la ilusión de leer sobre ciencia, aunque sea dura. Gracias Javier, por tus escritos.

Congreso en Salamanca

Los pasados 17 y 18 de Diciembre se celebró en Salamanca, en el Centro de Investigación del Cáncer (CiC), el congreso “la importancia del diagnóstico en cáncer”. Estaba dirigido a periodistas e incluyó mesas redondas acerca de cómo tratar la información del cáncer en los medios. La gran mayoría de las presentaciones fueron altamente interesantes aunque en algunos casos se profundizó demasiado, llegando a perder la perspectiva de lo que se intentaba transmitir al público (público que entiendo, no estaba mayoritariamente formado en biología molecular). Esto ocurrió, sobre todo, en la sesión del 18 de Diciembre. La mejor intervención, desde mi punto de vista, fue la del director del CiC, Eugenio Santos.

Visita al Museo de Ciencia y Tecnología

El Museo Nacional de Ciencia y Tecnología es difícil de encontrar (parada de metro Delicias, el truco es seguir los carteles y éste aparece después del Museo del Ferrocarril), pero merece la pena. Sobre todo, por la forma que tienen de explicarlo las guías Carmen y Sonia. Consiguen interesar a todo el mundo. Sonia hace la visita con niños de entre 3 y 5 años (Jardín de la Ciencia) y Carmen, con adolescentes. Lo recomiendo con todas mis fuerzas.

Foto: www.profes.net