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La habitación de Fermat

Es española. Y es buena. En “La habitación de Fermat” cuatro matemáticos son encerrados en una habitación que mengua si fallan en la resolución de enigmas matemáticos. La dirige -en parte- Luis Piedrahita, más conocido por sus monólogos y por salir en el programa de magia “Nada por aquí“; y es protagonizada por Federico Luppi, Santi Millán, Alejo Sauras, Elena Ballesteros y Lluís Homar. 
Os animo a que la veais y si sois profesores de matemáticas, a que la incluyais en vuestras clases.

Un poquito de historia: ¿quién era Pierre de Fermat?

Vampiros y hombres lobo

Se cree que parte del mito de los vampiros como el de los hombres lobo podría haber surgido de una enfermedad humana: la porfiria. Realmente, la porfiria no es una enfermedad, sino varias. Se engloban porque en todas ellas, el error se produce durante la formación del grupo hemo, muy importante en nuestro organismo (en la hemoglobina es el encargado de unir el oxígeno). El metabolismo del grupo hemo implica a muchos participantes, que se encargan de ir produciendo todos los intermediarios hasta llegar al grupo hemo. Si imaginamos a una serie de obreros celulares (los enzimas), cada uno fabrica un producto que pasa al siguiente para que éste lo modifique a su vez. ¿Qué pasa si eliminamos o incapacitamos a uno de los obreros? Pues que nadie hace su faena y se le acumula el trabajo (se le amontonan los productos anteriores). Pues bien, cada una de las porfirias equivale a un fallo de uno de los obreros. Esto es consecuencia de problemas genéticos y se hace más exagerado en determinados ambientes. ¿Y qué tiene que ver todo esto con los vampiros y los hombres lobo? La relación se entiende un poco mejor cuando se examinan los síntomas. Estos varían en función del obrero defectuoso y por tanto del producto que se acumule (es decir, del tipo de porfiria). Por ejemplo, en la porfiria cutánea tarda, los síntomas son fundamentalmente cutáneos: hiperpigmentación de la cara, cicatrizaciones y calcificaciones, hipertricosis (exceso de pelo). Con un poco de imaginación, se pueden encontrar cosas en común con los hombres lobo. Otro ejemplo, en la porfiria eritropoyética congénita, las porfirinas (los productos que se acumulan) se depositan en dientes y huesos. Al absorber luz de una determinada frecuencia, emiten fluorescencia roja. ¿A alguién le recuerda algo?

“Soy leyenda”

El argumento de la película que protagoniza Will Smith tiene un comienzo bastante peculiar: una científica ha conseguido curar el cáncer (sí, sí, no uno ni dos no, todos toditos) de los 10.009 pacientes de su ensayo clínico al administrarles un virus manipulado genéticamente. Qué pena cuando luego el virus los convierte en… ¡vampiros! En fin, otro caso más en que los científicos son castigados por creerse dios. El binomio genética-monstruo sigue funcionando. ¿Pero y lo guapo que sale el prota?

Primer principio de Newton

El primer principio de Newton, o principio de la inercia, se explica generalmente con el típico ejemplo del autobús (cuando el conductor frena, tu cuerpo se va hacia delante; y cuando acelera, hacia detrás). Yo prefiero éste del ascensor, que es una escena sacada de la película “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”. En ambos casos, lo que se intenta ejemplificar es que un cuerpo que está quieto (en reposo) o en movimiento sin aceleración (movimiento rectilíneo uniforme) se mantendrá igual a menos que se aplique una fuerza sobre él. Por eso, en el ejemplo del autobús, al frenar tu cuerpo se desplaza hacia delante (hacia la dirección que seguía) y continuará así hasta chocarse con el asiento de delante o con el viajero de turno. En el ejemplo de la peli, el cuerpo también se desplaza, esta vez hacia arriba (también hacia la dirección que seguía) cuando se accionan los frenos.

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