Hacía ya demasiado tiempo que no escribía en este blog y hoy he decidido cortar esta espantosa tendencia con la recomendación de un libro de divulgación científica:” ¿Por qué las cebras no tienen úlcera?”, de Robert Sapolsky. En él, el autor explica -grosso modo- que las respuestas fisiólogicas que se producen ante una situación de estrés, segregación de adrenalina y glucocorticoides, respiración acelerada, incremento de la tensión arterial…, ayudan a una cebra a escapar de un hambriento león. Sin embargo, los seres humanos somos los únicos animales que nos estresamos no solo ante agentes físicos, sino también ante agentes psicológicos. Es decir, a nosotros no se nos acelera el corazón ni se nos cierra la boca del estómago porque divisemos un león en la sabana, si no porque tenemos que hablar en público, porque el tráfico nos supera o porque pensamos que nuestro trabajo no merece la pena. Sin embargo, la constante activación de la respuesta fisiólogica ante el estrés puede tener consecuencias negativas a largo plazo. Cada vez más estudios demuestran que si nos agobiamos día sí y día también es muy probable que en el futuro padezcamos úlceras, hipertensión o diabetes tipo II.
Pero no todo son malas noticias. El estrés psicológico se puede controlar y el autor, al final del libro, nos viene a decir que aunque suene a tópico, el secreto de la vida eterna se puede resumir en “relájese y sea ústed feliz”.
Así que ya sabéis, la próxima vez que un hecho cotidiano os estrese, contad hasta 10, respirad profundamente y pensad que vuestro jefe no va a conseguir que os suba el colesterol.
¡Buena suerte!

